Entrevista / Esther Pérez. Coordinadora de la REMP
Publicado
04/03/2026 - 12:54Compartir
En la semana del 8M, publicamos una nueva entrevista para reflexionar sobre la presencia de las mujeres en el ámbito forestal con perspectiva histórica. Esther Pérez, coordinadora de la REMP, recuerda que el sector arrastra un largo recorrido de masculinización ya que la primera mujer se graduó en Ingeniería de Montes en España en 1969 y que transformar el imaginario social y cultural requiere más tiempo que el paso de las décadas.
Desde su propia experiencia, explica cómo muchas desigualdades se asumían como “lo normal” y cómo el cambio social necesario para dejar de naturalizarlas ha sido un punto de inflexión imprescindible. La conversación pone el foco en dos retos clave: la importancia de los referentes y la visibilidad del sector. Defiende que mostrar a mujeres en perfiles de campo es esencial para que el trabajo forestal se perciba como una opción profesional natural, y pone de manifiesto un problema que afecta al sector: la falta de relevo generacional.
¿Qué visión tienes de la mujer en el sector forestal?
El sector forestal sigue siendo un ámbito profesional muy masculinizado, esto viene de un bagaje de años que no se cambia en unas décadas. Se parte de hechos objetivos, pero que han derivado en una trayectoria en la que aún hoy en día el porcentaje de mujeres que forman parte del mundo forestal sigue siendo pequeño. En 1969 se graduó la primera mujer en Ingeniería de Montes en nuestro país y aunque parece que ha transcurrido mucho tiempo, el recorrido para cambiar el imaginario social y cultural siempre avanza a un ritmo más lento que el simple pasar de los años.
Cuando empecé mis estudios de forestales no era muy consciente de esta realidad, escogí la formación que me gustaba consecuencia de los veranos en un pueblo donde el monte formaba parte de la vida, y del conocimiento de la profesión por una larga tradición familiar, pero al comenzar la carrera me faltaban aún muchas herramientas como para detectar la falta de igualdad en el sector. También es cierto que, en esa época asumíamos esas diferencias como algo “que siempre había sido así”. Aún no se había producido el, tan necesario, punto de inflexión social que dejara de normalizar la diferenciación laboral por géneros.
¿Qué apoyo o cambio haría el sector más accesible para más mujeres?
Yo soy una insistente defensora de los referentes, para cualquier ámbito de la vida no solo en el plano profesional. Hay que mostrar que existen muchas más realidades que las que son masivamente seguidas o aceptadas por la mayoría social. Si no somos capaces reconocer otras posibilidades, siempre nos moveremos en el imaginario de lo “conocido”, de lo “normal”. Es necesario visibilizar a las mujeres en el sector forestal como una opción natural de trabajo y especialmente en el perfil del trabajo de campo: operarias, motoserristas, maquinistas, brigadistas de incendios…En puestos técnicos cada vez hay más presencia de mujeres, pero aún falta mucho para equiparar el porcentaje en esas ocupaciones. Y extiendo más el mensaje, en general es imprescindible mostrar nuestro ámbito de trabajo a la juventud que está en momento de elegir su formación. No hay relevo generacional, porque no somos visibles. Si no conoces que existe un campo profesional como el forestal, con numerosos roles en los que desarrollarte, ¿cómo vas a pensar ni siquiera en optar por esta salida? La divulgación y el posicionarnos socialmente son nuestras eternas asignaturas pendientes.
¿Qué momento te ha hecho decir “esto merece la pena”?
He trabajado muchos años en la dirección de obra de las repoblaciones del sur de Tenerife, una zona de condiciones muy duras de aridez y suelos empobrecidos por la erosión, que complicaban enormemente el que las plantaciones salieran adelante. Recuerdo un día subiendo por la pista en el que me resultó muy evidente el cambio del paisaje y cómo habíamos conseguido cubrir de vegetación un espacio en el que antes no había literalmente nada. Fue un poco una sensación parecida a cuando mirabas un cuadro en tres dimensiones, que de pronto tu ojo se hacía y la imagen cobraba vida. De repente los árboles estaban ahí. Pero en realidad, en toda mi etapa en Tenerife creo que cualquiera de los días que he salido al monte me he sentido sumamente agradecida por poder trabajar en ese entorno haciendo algo que disfruto tanto.